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ME VOY A MORIR DE HAMBRE


Quiero ser periodista, pero no morirme de hambre. Sí. Llámame idiota o iluso, pero al menos acércate y dime algo más original que “eso no tiene salida” o “nunca encontrarás trabajo”. Discúlpame, pero no quiero que mi vida sea un túnel, que siempre tenga que escoger una vía. Yo creo que todavía estoy a tiempo de hacer de mi camino una travesía salvaje, llena de amarguras, sí, pero también de oportunidades y, sobre todo, de una conciencia tranquila. Así que sí, quiero ser periodista y salvar a la gente de la mentira, pero también de la inocencia. Si la balanza está desequilibrada, yo sólo señalaré la evidencia. ¿Qué clase de objetividad es esa en la que tengo que quitarle puntos  al vencedor para que el perdedor no se sienta ofendido? Quiero ser periodista y hablar de lo que no me dejen hablar, mostrar lo que no quieran enseñar y juzgar a quien merece ser juzgado.


Quiero ser periodista y ganarme la vida diciendo verdades. Ojalá eso no signifique nunca tener que denigrarme, ponerme de rodillas o hablar del periodismo como si fuera un ejercicio de compraventa. Quiero ser periodista, de esos que ya no quedan, dejar de lado los cotilleos y las vidas ajenas. Porque eso no es periodismo, es decadencia y demagogia. Así que quiero ser periodista, sin embargo, no dejaré que esta boba audiencia decida qué he de publicar, escribir o pensar.


Quiero ser periodista, porque reniego de un futuro en el que me limite a observar, siempre de forma pasiva, vagabundeando cual pusilánime entre las calles de lo atroz. Llámame loco, pero soy un loco que daría su vida por esto. Si la causa es justa, no me importa que sea yo el que resulte herido. Porque sé que en esta lucha, mientras los medios tratan -sin éxito alguno- de encajar el golpe de las nuevas tecnologías, es el pueblo el que, sediento de cordura, agoniza allí fuera.


Quiero. Eso está claro. Y aunque quizás no lo consiga, siempre estaré orgulloso de estas palabras, porque así podré admitir que al menos lo he intentado. Quién sabe, tal vez una simple declaración de intenciones puede marcar la diferencia. Pase lo que pase, sé que, como mínimo, una parte del que firmó estas páginas seguirá dándome patadas en el estómago, erizándome los pelos o chasqueando la lengua ante cada seña de estupidez humana.


Quiero ser el mecánico que arregle el mundo, el médico que cure el miedo a la política, el economista que destruya la Bolsa, el poeta que cuente una historia, el sociólogo que alce de una vez a la mujer, el profesor que eduque a los dirigentes, el fotógrafo de la vida, el historiador que coteja e investigue, el lingüista que traduzca los abusos, el juez que, con una venda en los ojos, deje que sea el testigo el que equilibre su propia balanza.


Quiero ser periodista, pero ante todo quiero ser yo. Ricardo Marrero Gil. Sin pelos en la lengua o excusas bajo el brazo. Sin miedo a mirar de frente o admitir que España es un país de mierda por culpa de los cuatro ladrones (desde políticos hasta medios de comunicación) que nos han tomado el pelo. Perdón si vuelvo a insistir: llámame idiota o iluso, pero jamás me quites la razón ni las ganas, porque si de algo estoy seguro es de que dar pábulo al desgraciado que se aprovecha de la ignorancia y la ceguera del pueblo, es un acto vil, cobarde y rastrero.


Quiero ser periodista, hacer periodismo y vivir de ello.

Sí. Quiero ser periodista y poder comer al final del día.


RMG
Asedio católico. No existe otra manera de denominar el exceso de estupidez religiosa al que nos vemos sometidos. Se acercan a nosotros como el Espíritu Santo, en silencio, pero acechándonos por todas partes. Y es que no hay arma más peligrosa que un libro vacío o un alambre de espino disfrazado de esperanza.

La Iglesia católica ha sabido escudarse en la injuria, el ultraje y la ofensa cada vez que alguien la apuntaba con el dedo y sacaba a la luz todos sus trapos sucios. Sin embargo, ahí sigue, como una piedra en el camino, una mala hierba que vuelve a florecer, una zancadilla continua a la Humanidad. En Europa, y concretamente en España, se aferra con uñas y dientes, sobreviviendo a todos los altibajos desde la Inquisición, como una pesada ancla que todavía actúa sobre la educación y la sociedad. Asimismo, en Italia, sin ir más lejos, la Iglesia ejerce tal presión que la escasez de derechos de los homosexuales, así como la controversia entorno a la fecundación asistida y al aborto, son temas claramente candentes.

El anarquista Bakunin dijo: “La religión es demencia colectiva”. Y es que la Iglesia mató a Copérnico, a Hipatia de Alejandría, a Alan Turing, a Juana de Arco y a Galileo Galilei, entre otros muchos. A algunos de ellos los quemó en la hoguera y los redujo a cenizas, como sigue haciendo hoy en día con todo aquel que piensa o es diferente. Cuando todavía Europa no se amedrentaba frente a una mujer con el pelo cubierto, la Iglesia perpetraba crímenes como el genocidio de pueblos prehispánicos, amordazaba a la mujer, mutilaba la justicia, acababa con la multiculturalidad y acallaba a la ciencia. Hoy, lo continúa haciendo, pero pide perdón y lanza una oración para los pobrecitos de Siria, los desgraciados de Venezuela y los cristianos de Egipto.

Entendemos que, como elemento retrógrado y como yugo social, la Iglesia haga acto de presencia para defender sus valores más tradicionales, por injustos que sean, pero lo que nos negamos a aceptar es que algunos de sus líderes se detengan -causando un revuelo mediático de paso- ante una actuación “demasiado” liberal, cuando el Carnaval es precisamente eso: júbilo, transgresión y provocación. Más aún cuando se trata de la Gala Drag de Las Palmas de Gran Canaria, todo un símbolo de integración social para lo miembros de la comunidad LGTB. A lo mejor el problema del obispo de Canarias, el señor Cases, es que aún no se ha dado cuenta de eso. Habrá que enseñarle cómo funciona la televisión en color y arrastrarlo al presente.

Mientras figuras con nombre y apellido nos roban en nuestras narices, nosotros le pintamos un cuadro a Wert, vapuleamos al diferente, castigamos a un par de titiriteros, condenamos a un youtuber travieso e inhabilitamos por siete años a una usuaria de Twitter por publicar chistes sobre Carrero Blanco -no vaya a ser que se ofenda-. En otras palabras, laureamos al mentiroso y juzgamos al que ejerce un derecho tan básico como la libertad de expresión. ¡Por Dios, que alguien venga y le diga a España que Franco murió hace años!

Parte de culpa también debe recaer sobre los periodistas, que crearon una noticia a partir de un hecho que debía ser normalizado y dieron pábulo a una carta que no producía otra cosa sino vergüenza ajena y repulsa. Ellos mismos se burlaron de la propuesta de Unidos Podemos de eliminar la misa de la programación de La 2, una cadena pública que, por consiguiente, debe responder a las necesidades de todo el país y no adoctrinar en el cristianismo y las sandeces a un pueblo sediento de cultura. No tomaron la misma postura, sin embargo, cuando La 1 no dudó en eliminar de su página web la Gala Drag al completo. La cadena, como haría un buen cristiano devoto, incluso pidió disculpas.

La artista canaria Antonia San Juan ya lo dejó claro a lo largo de su poemario Casa sin muñecas, pero, en caso de duda, lo ha advertido en diversas ocasiones: “Donde no hay lectura, hay superstición. Donde no hay pensamiento, hay religión”.

Amén.
RMG

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¿Qué es la paz además de una simple utopía? En palabras del periodista y escritor uruguayo, Eduardo Galeano: “La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. Entonces, ¿para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar”.

Sin embargo, parece que en los últimos años nos hemos perdido por ese camino. Las viejas promesas que el ser humano predicaba años atrás han acabado en el pozo de la desesperanza y el olvido, donde ya nadie puede acceder a él y servirse un trago. Y es que las palabras, si no están respaldadas por un fuerte convencimiento de llevarlas a la práctica, caen en el desuso y pierden el sentido.

“No basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella y trabajar por conseguirla”, dijo Eleanor Roosevelt. Y eso es lo que pedimos: que todo el mundo hable, que todo el mundo grite, que todo el mundo alce la voz para acabar con el sinsentido. 

Ojalá no tenga que ahogarse otro refugiado en el Mediterráneo ni se levanten otros como Trump que cierren más fronteras. Ojalá el capitalismo no explote a más niños y se pudiera borrar la sangre de nuestras manos. Ojalá no sonara la alarma del fin del mundo y el medioambiente se salve, dejando a los animales coexistir con nosotros. Ojalá tengamos que usar el diccionario para saber lo que significa el bullying. Ojalá la paz trascienda de la orientación sexual, las religiones, razas y culturas. Ojalá no exista ni un arma que nos ataque ni nos defienda y ojalá estos deseos se conviertan en actos de lucha y protestas. Porque donde hay miedo, siempre habrá guerra. 

Días como hoy, en los que se reivindica la paz y la no violencia, deben servir para reforzar ese sentimiento de unidad que derribe cualquier barrera y propulse un cambio real. Que días como hoy sirvan para recordar que aunque el futuro se vislumbre oscuro e incierto, debemos hacer acopio de fuerzas para poder afrontar lo malo y empezar a forjar lo bueno. No dejemos que esto se convierta en un grito al vacío. Es hora de parar de hablar del mundo en tercera persona y comenzar a escribir nuestra propia historia.

El 30 de enero de 1948, uno de los mayores pacifistas de la historia contemporánea fue asesinado por defender valores en detrimento de las armas y la guerra. No hagamos de la muerte de Mahatma Gandhi un sacrificio, sino un llamamiento a la cordura.

Ricardo Marrero Gil

Johanna Suárez Hernández


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El sol brillaba soberbio en el cielo y ni una sola nube podía ser vista en la inmensidad del firmamento. A primera hora de la mañana se abrían las imponentes puertas del Parque, que esperaba albergar a cientos de visitantes, exactamente igual que el día anterior. Ya empezaban a llegar las primeras “familias felices”, con sus niños ruidosos y sus padres hipócritas pretendiendo arreglar los problemas acumulados en toda una vida de casados con un triste domingo en un fantástico zoológico. Así, comenzaba a entrar vida en las cuatro paredes donde perece la misma.


A las doce del mediodía, el aforo del Parque ya sobrepasaba las cifras estimadas y cientos de niños recorrían los caminos cuidadosamente recreados que conducían hacia las jaulas que contenían las más inusuales y extraordinarias especies de seres vivos jamás vistas en una civilización. Se cumplía, de este modo, el principal objetivo de este tipo de establecimientos: observar y analizar el comportamiento de animales salvajes -cautivos- en su hábitat natural -recreada-.


Mara tiene 7 años, es una niña risueña y encantadora que, con toda la ilusión de mundo, se planta enfrente del famoso acuario del Parque. Allí, a través de las ventanas submarinas, observa a Tara, una asustada y colosal orca que, con toda la desesperación del mundo, recorre por millonésima vez las cuatro paredes que hacen posible su cautiverio. Pero esta vez, Tara se para junto a la ventana-escaparate donde Mara la contempla maravillada. Sus miradas se cruzan y ambas víctimas establecen un único y veloz contacto visual, un vínculo aislado en el que quizás puedan haber aflorado sentimientos como empatía, nostalgia o comprensión. Pero claro, esto nunca lo sabremos porque Tara es solo una orca y Mara una niña pequeña que desconoce la existencia de la palabra “empatía”, así que aparta la mirada tras oír la apremiante voz de su madre incitándola a apresurarse y no quedarse atrás. Mara saldrá corriendo para reunirse con sus padres y seguir explorando el lugar, mientras Tara recorrerá nuevamente el asfixiante acuario y, en un proceso agobiante y opresivo, se parará en la ventana-escaparate y volverá a encontrar a otra Mara distinta pero con la misma mirada curiosa e ingenua. Mara y su familia, consciente o inconscientemente, han hecho posible el cautiverio y la esclavitud de todos y cada uno de los animales que tanta admiración y cariño le suscitaban durante su visita al Parque. Pero la cosa no acaba ahí, porque Mara y su familia, consciente o inconscientemente, también han respaldado su propia sumisión, pagando por una entrada que más que enriquecer los conocimientos de sus hijos sobre la vida salvaje, han llenado los bolsillos de grandes empresas a expensas de la cautividad y la esclavitud de animales salvajes.





Porque sí, 36 metros de ancho por 7 de alto no es espacio suficiente para retener a ningún animal salvaje cuyo auténtico hábitat natural es la inmensidad del océano. Construir la pantalla curva más grande del mundo para atraer a turistas que amorticen la inversión es como diseñar una enorme prisión de lujo para atraer a criminales y delincuentes que restablezca el orden público: un absoluto sinsentido. Tras varios días de demora, Poema del Mar concluyó con éxito la descarga de los tres acrílicos de su futura exposición Océano Profundo, en una compleja operación que culminará en la unión de tres cristales que conformarán una mampara de 36 metros de ancho por 7 de alto que se convertirá en la pantalla curva más grande del mundo. Cómo no, este proyecto es la nueva joya expansiva de la empresa Loro Parque que pretende relanzar a Gran Canaria como referente turístico. Este acuario, denominado muy irónicamente Poema del Mar y declarado de "interés estratégico para la región" por el Cabildo de Gran Canaria y el Gobierno regional, se ampara bajo el lema de conservación y sensibilización sobre la vida acuática. Pero seamos honestos: pagar por esa entrada no hará más que reforzar los cimientos de un sistema en el que los intereses económicos solapan el beneficio común. Aunque claro, esto es algo que olvidamos fácilmente tras las esperanzadoras declaraciones del vicepresidente de la compañía, Christoph Kiessling, quien nos explica razonablemente que este nuevo acuario está dirigido tanto al residente como al turista, para que todos tengan acceso a conocer “la creatividad de Dios”. Y la ignorancia del hombre, le faltó añadir.


La organización InfoZoos incluyó a Loro Parque entre los zoológicos denunciados a la Comisión Europea por no cumplir con la ley que regula la conservación de la fauna silvestre en los parques zoológicos, insinuando que los Zoológicos de Canarias estaban en situación irregular.


Además, Loro Parque también ha suscitado mucha controversia por su estrecha colaboración con SeaWorld en todo a lo que atañe a la gestión y al entrenamiento de las orcas, como afirmó Patricia Delponti, directora de comunicación y relaciones públicas del Loro Parque, tras la muerte de Alexis Martínez. El 24 de diciembre de 2009, Alexis Martínez, entrenador de la Orca "Keto", fue asesinado violentamente por esta como así queda testificado por la autopsia judicial del cadáver, a pesar de las declaraciones del parque en sentido contrario. Esto sucedió pocos meses antes de la muerte de otra entrenadora de orcas en el parque de Orlando (Florida), SeaWorld. Desde entonces SeaWorld ha intentado desvincularse por todos los medios y quizás, Poema del Mar sea también un pésimo intento de Loro Parque por deshacerse de la fama que se ha ido ganando a pulso.


El caso de la orca Morgan y el vídeo de su supuesto intento de suicidio también da mucho de qué hablar sobre los efectos colaterales de los acuarios: “El cautiverio de cetáceos suele causar en estos animales daños físicos y psicológicos, que en muchas ocasiones han acabado causando la muerte del animal e incluso la de sus entrenadores. El aburrimiento extremo y estrés que puede causar el ambiente artificial, monótono y poco enriquecido de los acuarios, suele resultar en comportamientos anormales repetitivos (estereotipias) que a la vez pueden llevar a que el animal se provoque lesiones a sí mismo”.
En pleno siglo XXI, el avance imparable de las nuevas tecnologías nos ha proporcionado una amplísima gama de posibilidades que nos permiten enriquecer nuestros conocimientos de la vida salvaje  sin necesidad de enjaular a animales por el resto de sus vidas y convertirlos en meros entretenimientos infantiles con el falso pretexto de una vaga educación. Con esto lo único que predicamos es que entre el ser humano y la naturaleza no existen límites, y lo cierto es que sí los hay, o, al menos, debería haberlos. No podemos jugar a ser todopoderosos que dominan sin contemplaciones el planeta, porque no se trata de dominar, sino de coexistir. Así pues, a día de hoy existen maravillosas alternativas que van desde documentales de fauna y flora salvaje con todo lujo de detalles hasta impresionantes acuarios que recrean el hábitat natural de estos animales y su interacción con el medio mediante la realidad virtual.


Lo que está claro es que ni Loro Parque, ni SeaWorld, ni ninguna empresa que jure salvaguardar la vida de "sus" animales pero que luego actúe en detrimento de la misma puede obtener más de lo que ya ha obtenido. No permitamos su expansión. Por muchas papeleras que forren, por muchas guaguas que empapelen, por muchos adhesivos que peguen en nuestros coches, por muchos descuentos que te ofrezcan al comprar el pan, por mucha publicidad que pretenda vendarte los ojos, mantente firme y coherente, que no nublen tu juicio hasta el punto de no distinguir entre educación y esclavitud. En nuestra mano queda hacer de estas palabras una realidad o dejar que se borren con el tiempo, cuando el escándalo de la barbarie se centre, provisionalmente, en otro foco.


Johanna Suárez 
"¿Sabes cuál es el animal más peligroso del zoológico? Había una flecha que señalaba una pequeña cortina. Tantas eran las manos curiosas e impacientes que tiraban de ella que cada dos por tres teníamos que cambiarla. Detrás de la cortina había un espejo."
Bienvenidos a España, un país presidido por la corrupción, el clasismo y, sobre todo, por la inquietud. Un país en el que la incertidumbre política se presenta como un llamamiento que exige la construcción de un sistema de enseñanza práctico, justo y sólido que ponga fin a la sentina intelectual, económica y profesional que nos fustiga. Y, sin embargo, José Ignacio Wert, exministro de Educación, Cultura y Deporte y todo su partido han impulsado la séptima ley educativa que ha entrado en vigor en los 37 años de vida de la democracia española, abogando así por la creación de un ejército de avaros, conservadores, conformistas, corruptos y extremistas.


Aunque los que se muestran a favor de esta nueva ley, conocida como LOMCE, defienden que las evaluaciones externas o reválidas propiciarán un mayor esfuerzo por el aprendizaje y que el establecimiento de varias vías de estudio diferentes a partir de los 15 años disminuirá el fracaso escolar; la realidad es que esto producirá exactamente el efecto contrario, pues nos enfrentamos a una ley que centra sus intereses en mejorar su posición frente a la OCDE (que atribuye 44 puntos sobre una media de 100 al índice de calidad del sistema español) en lugar de formar personas autónomas que posean conocimientos y capacidad de reflexión. Y es que la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa es una ley partidista que incluye únicamente las ideologías del PP, una ley capitalista que reorienta los objetivos de la educación al mercado económico y a la alienación de la clase obrera, una ley clasista que pretende expulsar del sistema educativo al alumnado de los grupos sociales más desfavorecidos, y una ley conservadora que impide cursar una educación reflexiva y crítica eliminando la filosofía, la ciudadanía y la ética. Ahora, cuando más falta hace alzar la voz y el puño.
Los conocimientos que se requieren para educar una población democrática y justa residen en la docencia de la filosofía y sus diferentes ramas y, no obstante, son devaluadas por la reforma educativa. Estas asignaturas son necesarias para desarrollar el pensamiento crítico y la capacidad argumentativa que debe manifestar una sociedad moral, una sociedad capaz de plantarle cara a cualquier tipo de barbarie que se presente en el día a día, ya sea a nivel mundial, como los atentados terroristas, o a nivel personal, desde el bullying hasta el civismo. Citando las palabras de José Sánchez Tortosa, en su artículo “Filosofía contra la barbarie” publicado en El Mundo: “cursar cuatro horas a la semana de esa asignatura no garantiza ningún éxito. Carecer de ella como base y posibilidad del pensar civilizado garantiza el fracaso.” En el Caso Nóos, Soria y Bárcenas, el Partido Popular nos demuestra que la ética ha muerto. Y lo más irónico de todo es que a nadie le importa. Ahora a los estudiantes ya no se les prepara para la vida, sino para el lugar que les corresponde como una pieza más de una sociedad nihilista y cansada, donde todos acatan y callan.  


Lo que acontece en la política y en la sociedad actual con respecto a la educación, debe servir de lección a la hora de crear una nueva ley general educativa libre de partidismos ideológicos y de injusticias y limitaciones para con el alumnado.
Señores políticos, no solo están jugando con la educación de un país, sino con el futuro de miles de españoles que cada vez tienen más puertas cerradas y que utilizan como llave un avión hacia el extranjero.
Bienvenidos a España, donde la gama cromática importa más que en el juego del uno; donde fingimos indignarnos frente a las injusticias sociales y políticas, pero aplaudimos con orgullo al futbolista que nos roba y aceptamos sin cuestionar que la televisión puede ser un medio para denigrar y sexualizar a la mujer.  “Panem et circenses”, decían en Roma. Ahora es poco el pan y pésimo el circo.



Laura Afonso y Ricardo Marrero.

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BASES
1.- Podrán participar todos los alumnos de nuestro centro a excepción de los miembros del equipo de redacción del periódico Vita Nostra.
2.-  Los relatos deberán ser inéditos y no podrán haber sido premiados en ningún otro concurso.
3.- El tema de los relatos será libre.
4.- La extensión de los relatos no podrá exceder de un folio DIN A-4, escrito por una sola cara, a un espacio y medio, con un tipo de letra Arial (12) o equivalente.
5.- El nombre del autor y el curso al que pertenece deben aparecer al final del relato.
6.- Los relatos se presentarán exclusivamente en formato digital (Word o PDF) y podrán enviarse a la dirección de correo electrónico periodicovnp@gmail.com hasta el lunes 12 de diciembre de 2016. Los textos se publicarán en el periódico digital Vita Nostra y el alumnado del centro podrá votar por su relato favorito entre las 8:00 h. del martes 13 de diciembre y las 19:00 h del jueves 15 de diciembre de 2016. Cada alumno sólo podrá emitir un voto.
7.- El jurado estará conformado por tres miembros del equipo de redacción del periódico Vita Nostra y dos profesores del Departamento de Lengua Castellana y Literatura, de los cuales uno de ellos actuará de secretario y tendrá voz pero no voto. El quinto voto será el emitido por el alumnado del centro, el cual será cuantificado a través de la página web del periódico Vita Nostra.
8.- El jurado se reserva el derecho de interpretar cualquier caso no previsto en estas bases, siempre en beneficio del certamen, y su fallo será inapelable.
9.- Se establecen dos premios: un primer premio de 40 euros y un segundo premio de 20 euros en cheques regalos de la Librería Centro de Candelaria.
10.- A estimación del jurado, cualquiera de los premios podría quedar desierto o ser dividido entre más de un ganador.
11.- El fallo del jurado se dará a conocer en un acto específico durante el recreo del miércoles 21 de diciembre de 2016. Tras la lectura del acta del jurado, los autores premiados leerán sus textos. Los relatos ganadores, el relato que haya obtenido mayor número de votos en la web del periódico, así como una selección de las obras presentadas al concurso realizada por el jurado del certamen, se leerán a todos los cursos de la ESO dentro de las jornadas del Plan Lector del centro.
12.- La participación en este concurso supone la plena aceptación de sus bases.
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Si tienen alguna pregunta, no duden en consultarnos al correo: periodicovnp@gmail.com (el mismo al que podrán enviar los relatos) y por las redes sociales Facebook Vita Nostra - Twitter Vita Nostra.


Vivimos pensando en el mañana, impacientes por que llegue el fin de semana o esa noche tan especial, cumplir los 18, formar una familia e incluso, alcanzar la edad de jubilación para librarnos de ese odioso trabajo y comenzar a quejarnos por las dolencias de la vejez.

Criticamos a aquellos que tienen la osadía de renunciar a esta vida esperando a que se materialice la promesa de una grata eternidad, pero no nos damos cuenta de que nosotros también malgastamos la nuestra bajo el consuelo de que pronto llegarán tiempos mejores. Y mientras, en nuestra búsqueda por alcanzar esa felicidad eterna en vida, arrasamos con todo.

Hoy en día, uno de los requisitos indispensables que precisa un buen ciudadano es estar dotado de una adecuada capacidad crítica que le permita discernir las injusticias que acontecen. Sin embargo, es esa habilidad crítica la que me permite reconocer que el mundo está patas arriba, completamente del revés. Me estoy empezando a cansar de tanta indignación. Se podrían usar las mismas coletillas para cada tema de debate: “nuestra actitud negligente”, “nuestra intencionada indiferencia”, “barbarie por doquier”, “contradicciones sociales”. Somos tan redundantes que me resulta absurdo reiterarme en mis comentarios cuando podrían resumirse, fácilmente, en uno solo. Un gran compendio de nuestra deleznable existencia.

Pero esta vez sin conclusión, sin propuestas de mejora ni alternativas esperanzadoras. No quiero tranquilizar al mundo para que continúe dulcemente dormido. Debe despertar, aunque sea de espanto. Ha llegado el momento de arriesgarse a despertar al sonámbulo.

Es evidente que nuestro paso por el mundo nunca estará a la altura de nuestras expectativas, siempre querremos más sin importar las consecuencias. Esas secuelas de las que todo el mundo habla, las que tanto nos inquietan a pesar de ser nosotros los principales causantes. Sí, me refiero a las guerras, enfermedades, crisis y demás preocupaciones existenciales que nos atañen.

No obstante, siempre olvidamos algo. Un asunto que, prolongado en el tiempo y llevado a extremos inimaginables, se ha convertido en uno de los principales problemas ocultos de la humanidad, cuyo punto de inflexión se encuentra alarmantemente lejos de suceder. Hablemos de especismo.

El especismo  es un tipo de discriminación moral, como el racismo (discriminación basada en la raza) o el sexismo (discriminación basada en el sexo). En concreto, el especismo se ensaña con aquellos que no son miembros de una determinada especie. Es decir, se basa en el favorecimiento injustificado de una especie sobre las demás.

Ahora bien, ¿cuál es el alcance real de todo este asunto? ¿Hasta qué punto retorcemos este concepto?

El especismo hace acto de presencia en, prácticamente, cada acción humana y por si eso fuera poco, sus consecuencias son catastróficas, tanto para sus víctimas directas como para toda la humanidad. Antes de criticar esta concepción como pesimista existencial permítame decirle que es muy fácil reducir la magnitud del problema cuando este no le afecta directamente. Pruebe a desarrollar su empatía y arriésguese a ampliar su campo de visión, o inténtelo al menos, porque abarcar a las más de 20.000 millones de vidas que se cobra la agroindustria animal anualmente, solo en Estados Unidos, es cuanto menos complicado (19.011 animales terrestres y marinos por minuto). Para que pueda hacerse una idea, la población de 10.000 millones de animales de cría en este mismo país prácticamente duplica a la población humana mundial.

Existen cuatro ámbitos principales en los que se desarrolla el especismo: alimentación, experimentación, entretenimiento y vestimenta. Nos comemos, torturamos, utilizamos y nos vestimos con animales no humanos. Consumimos seres sintientes. Así de simple.

En realidad esto no es del todo cierto. Sería más preciso afirmar que consumimos seres sintientes en función de diversos aspectos (culturales, geográficos, religiosos, etc.). ¿O es que acaso usted se comerías a su perro? Por supuesto que no, resulta impensable para un occidental la idea de comerse a un perro. Las mascotas tienen nombres, son simpáticas y divertidas, cuidas de ellas e incluso, las aceptas como un miembro más de la familia. Nadie se comería a Toby, a Rocky o a Lucy, no hay motivos para ello  y solo pensarlo resulta asqueroso.

El hecho de aceptar la convivencia con otras especies demuestra el alto nivel de tolerancia y adaptación del ser humano, pues la realidad es que, en mayor o menor medida, nos preocupan los animales y no queremos que sufran. Teniendo esto en cuenta, ¿cómo se las arregla este sistema para que corrompamos estos valores sin siquiera inmutarnos? La respuesta es muy sencilla, solo hay que clasificar a los animales en distintas categorías: presas, depredadores, plagas, mascotas o comida, e inmediatamente nuestro trato hacia ellos se verá condicionado según esta distribución. Para ello, también es necesario crear estereotipos para cada animal, esto es, un perro es fiel, servicial, amigable, divertido, cariñoso y juguetón, mientras que por el contrario, un cerdo es sucio, holgazán, ruidoso, ridículo, feo y asqueroso. Pregúntale a un niño con cuál de estos animales prefiere jugar… et voilà! Resultado conseguido: uno sobre tu regazo y otro sobre tu plato. Es curioso cómo infectamos a los animales con nuestros propios prejuicios.

Es así como el sistema bloquea nuestra empatía y modifica la percepción de nuestra conducta para que parezca que coincide con nuestros valores. Todo un maquiavélico plan urdido con el único objetivo de beneficiar los intereses económicos de grandes industrias que se lucran a costa de falacias como “Necesitamos SUS proteínas” o “Somos omnívoros por naturaleza, no podemos elegir” o “Sin leche no hay calcio” o “Las ordeñamos por su bien” o “Ponen sus huevos para que nosotros los tomemos”. Esas mentiras que con gusto nos tragamos son los pilares fundamentales que sustentan nuestra querida industria cárnica y la ganadería a nivel mundial.

Me enfoco principalmente en el especismo en el ámbito de la alimentación, ya que es el que más controversia suscita. Por lo general, el maltrato animal en espectáculos, experimentación, e incluso en vestimenta ha adquirido un mayor rechazo con el paso de los años. En cambio, asesinar a miles de millones de animales para nuestra alimentación suele estar más aceptado. Dado que comer es una necesidad fisiológica, la industria cárnica y la ovoláctica han encontrado menos inconvenientes a la hora de justificar la crianza, el hacinamiento, la explotación y la matanza de seres sintientes a escala masiva. En realidad, este proceso no tiene que ser cruel, los procedimientos operativos estándar no están diseñados para ser violentos. No es su objetivo ni su intención. Simplemente, están diseñados para ser rentables y si lo más asequible es masificar y hacinar a los animales en condiciones lamentables, eso es lo que sucederá. Y eso es lo que sucede. Es así como cosificamos al colectivo animal, despojándolo de su individualidad y convirtiendo su bienestar en un obstáculo para el desarrollo económico de las empresas.  Pero lo cierto es que no podemos justificar el dolor que causamos con el placer que recibimos a cambio. Y sí, utilizó el término “placer”, porque comer animales no es una necesidad, sino una elección. Cuando se trata de alimentos de origen animal, lo más probable es que todas las preferencias sean adquiridas. Se trata de una correlación, de igual modo que nuestras creencias determinan nuestra conducta, nuestra conducta refuerza nuestras creencias.

Ahora bien, si le da igual ser un títere del sistema y no quiere renunciar a su carne, aún a costa de su moralidad, permítame abordar el tema desde un modo más objetivo y centrarme en un aspecto que nos concierne a todos de igual modo, ¿qué me dice si le digo que por mucho que utilice el transporte público para maximizar el ahorro, cierre el grifo mientras lava sus dientes o separe sus residuos de forma eficiente y constante cual ciudadano ejemplar, no estará haciendo ni una cuarta parte de lo que haría reduciendo o erradicando su consumo de alimentos de origen animal? Cuando se trata de cambio climático, la ganadería es la principal responsable.

Así pues, hay una sola industria destruyendo el planeta más que cualquier otra. Es la principal causante del calentamiento global, extinción de especies, destrucción del Amazonas, contaminación del agua y de las “zonas muertas” de los océanos. Aún así, este desastre ecológico es ignorado por las instituciones que más deberían preocuparse. Mientras la población mundial siga sustentando la ganadería y la agricultura animal la sustentabilidad (equilibrio entre el medio ambiente y el uso de los recursos naturales) seguirá siendo una realidad inalcanzable. Quizás, en unos años, los únicos paisajes naturales que podamos observar sean los fondos predeterminados de la pantalla de un ordenador.


El especismo es una problemática incuestionable en la sociedad actual que solo puede ser combatida desde su contrario: el veganismo. Pero no estoy hablando de un cambio dietético exclusivamente, sino de un veganismo ético que además de rechazar el consumo de todo producto de origen animal, también extienda dicha filosofía a todos los ámbitos de la vida. No solo por las víctimas, sino por nuestra salud y por una mejor estancia en el planeta.

Si no he querido nombrar este término con anterioridad se debe exclusivamente al cambio de mentalidad que se produce en el receptor en cuanto escucha la palabra “veganismo”. Suele ser asociado con una corriente extremista de hippies trastornados que no tiene fundamento ni viabilidad. Pero ese pensamiento dista mucho de ser cierto y el único modo de abandonar este estereotipo es la búsqueda de información. Los datos están ahí, solo hay que documentarse, tener el valor de cuestionar nuestras más arraigadas creencias y aceptar la posibilidad de haber estado equivocados toda una vida. Ha llegado el momento de pasar a la acción, porque la ignorancia no es una opción válida y la neutralidad favorece siempre al opresor.



 Johanna Suárez